martes, 20 de octubre de 2009

LA XENOFOBIA

Es ese miedo al extrangero, ese miedo a peder aquello que consideramos como nuestro, ese miedo a tener a alguien en "tu" pais si no tiene trabajo, pues no se puede quedar "no lo vamos a mantener siempre" Incluso llegamos a pensar "he perdido ese trabajo porque prefieren a un extrangero, pues trabaja sin descansar, cobra menos, no protesta por nada y no conoce sus derechos" También pensamos que los pisos han subido de precio debido al aumento de la demanda.

En realidad sufrimos por pensar que todo lo que vemos es "nuestro" por ello creemos en el concepto de nación, por que de él se deriva "la ciudadania".

Sin embargo si murieramos ahora, dejariamos de ser de tal o cual pais, nuestro pais no nos reclamaria como sus ciudadanos, no nos salvaría de la muerte. Se habría acabado tanto nacionalismo para nosotros, tanto nuestro pais, nuestro trabajo, nuestro piso.


¿Y que nos llevariamos? Nada material, está claro. Nos llevaríamos la satisfacción de como nos hemos comportado. Nos llevaríamos la satisfacción de haber ayudado a los que nos rodean. La satisfacción o el sinsabor de cuando ese extrangero nos pidió ayuda y le dijimos que no sabiamos nada.

El vacío de todas la veces en las que hemos hablado entre vecinos y compañeros de trabajo, "No podemos mantenerlos, ¿Que es lo que quieren? Si no pensamos en nosotros la situación se desvordará"

Todos estos pensamientos nos hacen infelices en vida. Y seguro que infelices en muerte. No tenemos más que experimentar el estar comiendo algo y si llega alguien, compartirlo. Esta es la experiencia clave. En ese preciso momento vemos la verdad. ¿Como nos sentimos? Satisfechos, como hacia tiempo que no nos sentiamos. Si el otro puede ser que tuviera hambre vieja, o que fuera un amigo al que no quedaba dinero, pero lo importante es que nos queda un sabor de boca estupendo. Nos sentimos muy agusto.

Si solo pensamos en nosotros, si actuamos egoistamente nos sentimos vacios, nos abruman las preocupaciones, y volvemos a casa asqueados. Pero cuando compartimos, descubrimos una emoción maravillosa. Una emoción que surge del ...formar parte de algo más.

Si, en realidad, formamos parte de un todo. Cuando negamos nuestra ayuda o el compartir lo que tenemos, caemos en el egoismo, y nos sentimos infelices sin lugar a dudas. La vida nos guia, nos guste o no, hay cosas que deben de hacerse, y cosas que no. La vida nos lo dice con esas emociones internas.

Así cuando compartimos trasgredimos ese efímero concepto de yo, y conectamos con algo más. Nos sentimos al abrigo de algo maravilloso. Esa energía que nos rodea, que todo lo cubre, que todo lo aporta, que trae la felicidad.

El egoismo nos aparta de esta felicidad. Pero cuando compartimos, cuando ayudamos descubrimos que el universo es maravilloso. Que todo está bien. Que nada se acaba. Que el placer no está en las cosas sino que está el aire, en los arboles, en las plantas, en el viento.

Todo forma parte de lo mismo. Todos formamos parte de lo mismo. Por eso no nos sentiremos saciados, hasta que no ayudemos a sentirse así, al que no lo está. No nos sentiremos bellos hasta que no ayudemos a los demás a sentirse así.

Liberémonos de ese egoismo tan absurdo. Abramos nuestra mente al universo. Nada hay en el individualismo, todo está en la colectividad en el compartir, en el ayudar.

¿Por que no lo poneís a prueba? Ayudar a aquel al que antes rechazabais. Ver como os sentis. Ved como os va. No me creais en nada experimentadlo vividlo, sentirlo, pues sentio ergo sum siento luego existo, y no podemos dejarde sentir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario