
Las personas podemos vernos como buenas personas, como personas suficientemente evolucionadas y formadas como para necesitar de ese ser superior, llamado Dios, lo vemos como algo arcaico, algunos entre los que me incluyo, nos enfocamos en buscar el arca de la independencia, de la voluntad perdida al confiar en un ser superior que nombramos autor del bloqueo de la misma. Mas cuando surge el problema nos hundimos, todo se acaba. Mas cuando surge un problema, no lo entendemos caemos en nuestros instintos, la impaciencia nos domina, nos indignamos, queremos ya una solución, el miedo nos dice “volverá a repetirse”, caemos en la violencia, en mil cosas que no creíamos, nos degeneramos, nos volvemos inhumanos, nos decimos que es necesario, intentamos justificar nuestras acciones, más no nos convence.
Esta es la situación de nuestra sociedad, al completo, en las empresas los trabajadores se pisan los unos a los otros, en el ayuntamiento la corrupción es la dirigente verdadera, los cuerpos de seguridad, nunca llega a tiempo, más pagan su frustración con el primer tonto, o posible culpable que se les cruza, la gente en la calle, indignada reniega de todo, para no conseguir nada, y volver a su casa malhumorados. Los profesores son incapaces de enseñar y los alumnos no saben para que aprender.
Todo el mundo está perdido. Nadie tiene lo que quiere, y Dios esperando que nos caigamos del árbol de nuestro orgullo y vanidad, pero es que somos tan cabezones como tontos.
En estos tiempos de c
ivilización, de cultura en torno al 90% de las muertes no natrurales no son causadas por la guerra, no lo son por las temidas enfermedades, ni siguiera por la violencia en hogares y en ciudades. Estas muertes son debidas a el hambre y a las consecuencias de la desnutrición. Todo por culpa de nuestro egoísmo, a ese egoísmo debido a nuestro materialismo insaciable, pues buscamos saciar nuestra sed con agua salada y en nuestro delirio pisamos a todos, no nos importa nada ni nadie.
Gracias Padre por mostrarnos tu verdad, esa verdad que nos libera. Gracias Padre por mostrarnos tu amor por todos los seres, ese amo
r que se lleva nuestro odio. Gracias Padre por mostrarnos tu felicidad y liberarnos de nuestro insaciable materialismo. Gracias Padre por llevarte nuestros miedos, y mostrarnos el valor que se siente cuando se tiene fe en ti. Gracias Padre que me muestras que ni enfermedad ni odio puede al que en ti tenga fe. Gracias Padre que nos recibes con los brazos abiertos como el hijo prodigo que vuelve a casa arrepentido.
